ALGUNAS CARACTERÍSTICAS DESTACABLES DE LOS CABALLOS

Siendo los équidos presa de diferentes predadores en su ambiente original, durante el desarrollo de la línea evolutiva que dio origen al caballo actual fueron apareciendo aspectos morfológicos y fisiológicos que le resultaron ventajosos para la supervivencia en los amplios espacios de las llanuras. Al aumentar la estatura, por ejemplo, sus ojos quedaron a mayor altura del suelo, pudiendo detectar a sus predadores a mayor distancia. Además, los ojos se situaron en el cráneo de manera tal que adquirió visión binocular, lo cual permite al caballo una visión panorámica, con perspectiva y profundidad en un campo visual cercano a los 340º. El caballo es hipermétrope: su visión lejana es buena, pero no lo es para visualizar objetos muy cercanos, por lo que observa los objetos próximos ladeando la cabeza. La pupila es alargada horizontalmente, lo cual favorece la amplitud lateral de la visión pero desfavorece la correcta visión por encima o por debajo del plano horizontal de los ojos; de allí que el caballo baje la cabeza para observar objetos cercanos y la levante para mirar a la distancia.

El caballo distingue perfectamente los colores amarillo,verde y azul, pero posee deficiente percepción para los extremos del espectro (rojo y violeta) y los diferentes tonos de grises. Se ha dicho que los caballos distinguen mal en condiciones de escasa luminosidad. Empero, su retina posee una parte reflectante (“tapetum lucidum”) que le permite recoger cantidades mínimas de luz en la oscuridad, facilitando notablemente su visión nocturna.

La capacidad auditiva de todos los équidos es superior a la de los seres humanos, percibiendo sonidos tan bajos o tan agudos que resultan imperceptibles para el hombre. Sus orejas se mueven de manera independiente una de la otra y, estando los pabellones auriculares provistos de un conjunto de músculos que le permiten extrema movilidad, el animal puede captar sonidos desde distintas direcciones y fijarlos con exactitud. La posición y movimiento de las orejas resulta también un importante indicador del estado emocional del caballo; al respecto es destacable la acción de dirigirlas hacia atrás y abajo, pegándolas a la nuca, lo que implica extrema tensión y propensión a la agresión.

El olfato constituye un sentido esencial para el caballo, por cuanto mediante éste detectan y reconocen el alimento y el agua desde grandes distancias; el potrillo y la madre se relacionan fundamentalmente a través de este sentido, y el mismo sirve al individuo para la vida de relación con los miembros de su manada. El primer reconocimiento entre caballos desconocidos se realiza mediante el olfato, acercando sus narices; mediante este comportamiento no sólo detectan el olor del contrario, sino que cambios sutiles en la frecuencia e intensidad respiratoria, indicadores de una posible agresión. Se dice que los équidos detectan el olor causado por el alza de adrenalina circulante en situaciones de temor, stress síquico o simple agresividad, como ocurre en las luchas entre machos para formar o conservar sus respectivas manadas. Al respecto es clara la desconfianza de los caballos cuando los seres humanos se les acercan con temor, situación que contrasta cuando el extraño se aproxima con tranquilidad.

El gusto es probablemente el sentido menos conocido del caballo. Aceptan bien lo dulce y lo salado, pero rechazan de plano lo amargo (¿defensa contra los sabores desagradables de plantas tóxicas?). En cuanto al tacto, se trata de un sentido muy desarrollado en todo el cuerpo, aunque especialmente en el mentón y labios (en donde poseen pelos táctiles). Al respecto debe recordarse que, sin bien el olfato juega un rol esencial en la detección del alimento, el caballo selecciona éste mediante movimientos de sus labios y realiza su prehensión con los dientes incisivos.

Siendo el caballo un herbívoro estricto, posee una dentadura apta para trozar y moler el  pasto que constituye su alimento natural. Los potrillos poseen dientes de leche, que dan paso oportunamente a dientes definitivos. La dentadura definitiva incluye incisivos, caninos, premolares y molares. Los caninos (colmillos), sin embargo, son propios de los machos; una excepción a esta regla ocurre en las yeguas de la raza Chilena, aunque en ellas no se encuentran plenamente desarrollados (colmillos rudimentarios).

En la faringe del caballo desembocan las llamadas bolsas guturales, enormes dilataciones de la trompa de Eustaquio (comunicación entre el oído medio y la faringe). Es debatida la utilidad de las bolsas guturales, estructuras que se encuentran en todos los perisodáctilos actuales.

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Fig.1 Tracto digestivo de los équidos

El estómago es simple (a diferencia de los herbívoros rumiantes) y su intestino delgado no tiene particularidades que lo diferencien nítidamente del de otros herbívoros. Su intestino grueso es, sin embargo, de tamaño considerable. En éste, el ciego destaca por su enorme desarrollo (fig.1). En el intestino grueso de los équidos se produce la degradación microbiana de la celulosa. Por otra parte, debe señalarse que el hígado de los caballos carece de vesícula biliar, lo cual no es obstáculo para la correcta digestión de sus alimentos.

Otra diferencia importante de la fisiología digestiva del caballo respecto a la de otros herbívoros es su incapacidad de eructar los gases que se producen en el estómago durante la digestión y cuya acumulación provoca cólico intenso, el  que puede incluso conducir a la muerte. Los caballos tampoco vomitan, lo cual contribuye igualmente a la presentación del cólico. Pero hay consenso en la actualidad de que en la base de tal afección se halla el inadecuado manejo humano de la alimentación del caballo doméstico; en efecto, en su estado natural el caballo consume alimento muchas veces al día, en pequeñas cantidades cada vez, en tanto que la crianza artificial lo obliga a consumir pocas veces al día una considerable cantidad de alimento.

El caballo posee una gran capacidad respiratoria, como corresponde a la de un atleta del mundo animal. El diámetro de sus orificios nasales (“ollares”) se incrementa notablemente durante el ejercicio intenso, para dejar pasar mayores cantidades de aire en tales momentos. Sin embargo, curiosamente, la anatomía de la faringe impide a este animal respirar por la boca; se trata, entonces, de un respirador nasal estricto. Por lo mismo, el caballo no puede bostezar. En oportunidades, es posible observar que el caballo abre la boca en un aparente bostezo; se trata, sin embargo, de un movimiento para elevar el labio superior, exponiendo al ambiente receptores nerviosos que conectan con el órgano vómero-nasal (órgano de Jacobson), auxiliar del sentido del olfato que contribuye a detectar feromonas en el ambiente (fig. 2). Esta acción (“respuesta de Flehmen”) se manifiesta ordinariamente al existir hembras en celo en la cercanía, aunque también al ingresar otros equinos al área y, entre los potrillos, al iniciar la sociabilización con los miembros de la manada.

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Fig.2 Respuesta de Flehmen

La gran capacidad respiratoria del caballo es necesariamente complementada con la capacidad de bombeo del corazón, que aumenta notoriamente durante el ejercicio intenso. Algunos caballos Fina Sangre de Carrera sufren hemorragias nasales tras una competencia severa (“caballos sangradores”), una afección que ha sido atribuida al gran aumento de presión arterial durante la carrera, pero cuya causa exacta es aún controversial. El trabajo muscular intenso (como ocurre en la carrera, por ejemplo) produce gran cantidad de calor, que se disipa gracias a una eficiente actividad respiratoria, así como a la profusa secreción de sudor gatillada por el esfuerzo.

El esqueleto y el sistema músculo-tendíneo del caballo muestran diversas adaptaciones a la vida en llanuras. Si bien la velocidad de la carrera y la habilidad de girar bruscamente durante ella constituyen mecanismo de supervivencia en las sabanas, también lo es la capacidad de este animal para dormitar de pie sin mayor gasto de energía; se logra ello gracias al desarrollo de los “aparatos de suspensión”, que implica adaptaciones de algunas estructuras anatómicas de las extremidades a tal finalidad. No obstante, debe tenerse en cuenta que el caballo duerme normalmente acostado o echado (fig. 3).

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Fig. 3 El sueño en los caballos

Es también una adaptación a la velocidad de la carrera la evolución de los dedos, cuyo número en cada extremidad se redujo a uno solo, encontrándose protegido por un casco rígido; no obstante, en su interior éste posee componentes elásticos que sirven de amortiguadores al choque del dedo contra el suelo. La importancia del casco para el caballo es tal que, con razón se dice: “sin casco no hay caballo”. Mayores antecedentes sobre este tema se informan en la sección “El dedo del caballo” y “El casco

El caballo se desplaza de distintas formas y ello implica diferentes secuencias de movimientos de las extremidades. Estos “aires de marcha” o “andaduras” son básicamente el paso, el trote y el galope; sin embargo, a ellas debe agregarse la ambladura, que puede desarrollarse por entrenamiento o bien puede ser una característica hereditaria en algunas razas (caballos “paso fino”, “paso peruano”, por ejemplo). Si bien la constitución anatómica del caballo no es la de un animal adaptado naturalmente al salto, se le entrena para este desempeño y los campeonatos de salto son corrientes en el deporte ecuestre. El 5 de febrero de 1949, el equipo formado por el teniente Alberto Larraguibel y su caballo “Huaso” estableció en Viña del Mar  el record mundial de salto alto ecuestre (2,47 metros), invicto hasta la fecha (fig.4).

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Fig. 4 Record mundial de salto alto ecuestre (2,47 metros) en Viña del Mar, 1949.

La actividad reproductiva de los caballos posee también interesantes connotaciones. La pubertad se inicia en las hembras hacia los 15-24 meses de edad, y en los machos hacia los 14-18 meses; no obstante, los criadores normalmente esperan que el organismo de los reproductores alcance su plena madurez (ordinariamente hacia los 3 años de edad) para iniciar la actividad reproductiva. Se denomina  potro, garañón, semental o padrillo al padre, y yegua a la madre, siendo los hijos llamados potrillo y potranca. El término “caballo” no sólo define al individuo de la especie equina, sino que también se le utiliza corrientemente para identificar al macho castrado.

Si bien el potro puede cubrir a la yegua en cualquier momento del año, ésta necesariamente debe encontrarse en celo o estro (única etapa del ciclo sexual en que es receptiva al potro). La yegua es poliéstrica estacional, por cuanto presenta varios celos pero sólo durante una época del año (coincidente con los meses de días más largos). El período entre celos dura unos 21 días y cada celo tiene una duración de 5 días. La estacionalidad de la actividad sexual de las hembras da origen a la llamada “temporada de montas”, que en Chile se extiende entre agosto y diciembre. La gestación de la yegua dura aproximadamente 11 meses y, por lo general, pare una sola cría.

El cruzamiento entre un burro y una yegua da origen a un descendiente híbrido, llamado “mula” o “mulo” según sea de sexo femenino o masculino (fig.5). En todos los países de lengua castellana suele conocerse al mulo con el nombre de “macho”. Si bien los mulares manifiestan instintos y comportamientos reproductivos normales, presentan serios impedimentos genéticos para la procreación. En efecto, el asno posee 62 cromosomas y el caballo posee 64, haciéndose imposible el pareo cromosómico  (31 cromosomas paternos y 32 maternos en el genotipo del híbrido). Por cuanto son escasísimas las ocasiones en que el cruzamiento entre una mula y un macho equino o asnal se haya traducido en una exitosa gestación, para efectos prácticos se considera infértil al ganado mular. El ganado mular es bien conocido por su rusticidad, capacidad para transportar grandes pesos y su pisada segura en terrenos difíciles. A diferencia del carácter pacífico del mulo, la mula tiene justa fama por su temperamento arisco y obstinado. Existe también el  “burdégano”, híbrido de un padre de la especie equina y una burra; este híbrido es de menor tamaño que el mular y no presenta mayores ventajas frente a éste, por lo que su población mundial es escasa.

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Fig. 5 Mula usada para el transporte de carga

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