EL CABALLO EN CHILE

Como se ha señalado en otro lugar, los caballos llegaron a Chile procedentes de Perú en distintos momentos del siglo XVI. No obstante, la gran distancia entre ese país y el frente de conquista al sur del Biobío, así como la necesidad de reponer rápidamente las pérdidas de animales ocurridas en los enfrentamientos bélicos, y aún la de contar con caballos suficientes para abordar la incipiente ganadería en el territorio ya pacificado, motivaron la organización de los primeros establecimientos de crianza caballar en Melipilla y Quillota.

Los caballos en el Chile de la conquista y la colonia se reprodujeron atendiendo a las peculiares necesidades de la zona central del país: el clima, los alimentos disponibles, las características geográficas, las necesidades bélicas y ganaderas, entre otros factores, motivaron una selección que dio origen a un tipo de caballo propiamente nacional, notoriamente distinto al de otras razas que –no obstante su común origen- fueron seleccionadas en otras latitudes para responder a diferentes realidades. Por cuanto este caballo se mantuvo sin mezcla con razas extranjeras desde mediados del siglo XVI hasta la mitad del siglo XIX, sus características zootécnicas se fijaron en una raza propia de Chile: el caballo Chileno.

Durante toda la colonia y primeros años de vida independiente se desarrollaron diversas líneas de caballos aptos para el ejército, para el rodeo y arreo del ganado,  para el deporte campesino (topeaduras, carreras de velocidad y resistencia, movimiento de riendas, entre otras) y para el lucimiento social en los núcleos urbanos. Famosos en su tiempo fueron los “quilamutanos” (de la zona de Quilamuta, al sur de Melipilla), que por su alzada y fuerza fueron buscados para el tiro de carruajes, así como sus yeguas para las trillas.  No obstante, las características raciales que hoy apreciamos en el caballo Chileno tienen su origen en la selección que iniciara a principios del siglo XIX el criador Pedro Esteban de las Cuevas en la zona de Doñihue. Sus esfuerzos fructificaron en 3 líneas de caballos que, por su origen, se denominaron “cuevanos”:

  1.  Caballos de velocidad, aptos para la carrera en las fiestas campesinas;
  2. - Caballos de trote braceado, que constituyeron la cabalgadura más buscada para el lucimiento social hasta la llegada de los caballos ingleses de fina sangre;
  3. - Caballos para la ganadería, aptos tanto para el trabajo en corrales cerrados como para el rodeo del ganado en campo abierto y en la montaña (fig.1), así como para otras tareas rurales.

 

Fig.1 Huaso laceando (M. Rugendas)

Por distintas razones, las dos primeras líneas de caballos “cuevanos” desaparecieron durante el siglo XIX. No así la última línea, que –aunque casi extinguida por su absorción con razas europeas-  fue rescatada al establecerse en 1890 el “Registro de Reproductores de Pura Sangre” por un grupo de entusiastas criadores, constituyéndose en el registro genealógico equino más antiguo de Latinoamérica. Los esfuerzos para mejorar las características zootécnicas de este animal se intensificaron al fundarse la sección “Criadores de Caballares Chilenos” en la Sociedad Nacional de Agricultura (1910), con el establecimiento de un registro genealógico oficial para la raza algunos años después. Con ello, se avanzó hacia la reglamentación de la crianza y el establecimiento de un tipo racial estandarizado (fig.2), autorizándose el cruzamiento sólo de ejemplares puros.

Desde 1946 y durante 15 años, la Asociación de Criadores de Caballares sistematizó en forma clara y precisa la crianza del caballo Chileno, proponiéndose difundirla y mantenerla pura en el tiempo. Pero, además, esta asociación reglamentó y controló el rodeo, deporte ecuestre tradicional que hoy es de alto arraigo en el país. Desde 1961, corresponde a la Federación del Rodeo Chileno controlar todo lo relacionado con este deporte. No cabe duda de que la expansión actual de la raza está ligada a la gran difusión de esta actividad  en todo el territorio nacional: el rodeo y el caballo Chileno conforman una unidad indisoluble, ya que ninguna otra raza equina se utiliza para este deporte.  Si bien la crianza del caballo Chileno se extiende aproximadamente sólo entre Copiapó y Llanquihue, el rodeo se practica desde Arica a Punta Arenas, incluyendo a la isla de Pascua. Desde 1962, el rodeo es oficialmente considerado un deporte nacional.

chileno

Fig. 2. Imagen del caballo Chileno

Existe en la actualidad una Federación de Criadores de Caballos Chilenos, que por ley es tutora legal de la raza. En 1998, la Federación determinó practicarle examen de ADN a la totalidad de los potros reproductores y al año siguiente a las yeguas que entraron en cría, continuando con esta práctica hasta el presente; todos los animales inscritos en el registro genealógico se encuentran así genéticamente tipificados, otorgando a la crianza seriedad y confiabilidad.  Otras razas equinas han ingresado a Chile desde mediados del siglo XIX; sin embargo, ninguna representa al país y a su gente campera como la que comentamos. Por ello, en abril de 2011 el Presidente de la República firmó el decreto por el cual se concedió al caballo Chileno el estatus de “monumento natural” de nuestro país, “por su nobleza, por su generosidad, por habernos acompañado desde los tiempos de la Colonia...”. Ciertamente, un homenaje bien merecido a este noble animal.

 

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