ABEJAS Y AVISPAS

Entre las especies terrestres que pueden causar daños a los animales y seres humanos mediante su picadura se encuentran las abejas y las avispas; tienen importancia toxicológica nacional la abeja europea (Apis mellifera), la abeja africana o africanizada y la avispa chaqueta amarilla (Vespula germanica). La abeja africanizada es un híbrido de la subespecie natural africana (Apis mellifera scutellata) con abejas domésticas pertenecientes a varias subespecies de Apis mellifera (A. mellifera mellifera, A. mellifera iberica y probablemente otras).

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Abeja europea
Abeja africana
Avispa chaqueta amarilla

Abejas y avispas inoculan el veneno contenido en una glándula mediante el aguijón de su aparato picador, el cual presenta diferencias según el tipo de insecto. En el caso de las abejas, el aguijón termina en una rebarba que impide extraerlo una vez producida la picadura, muriendo el insecto al intentarlo; por ello, las abejas pueden picar sólo una vez. No así las avispas, cuyo aguijón carece de rebarba, y que por ello pueden picar en múltiples ocasiones. Por su hábito alimenticio, la avispa chaqueta amarilla no sólo pica sino que también muerde.

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Aparato picador de la abeja
Aguijón de la abeja

Los animales y seres humanos pueden sufrir numerosas picaduras al ser agredidos por un enjambre de abejas europeas, situación que puede producir la muerte. Esto es aún más grave para el caso de las abejas africanizadas, que poseen un instinto más agresivo que su contraparte europea, son de vuelo más rápido, suelen atacar en enjambre y que siguen por largas distancias a la víctima en su huída. Las avispas suelen también atacar en enjambres, recibiendo la víctima múltiples picaduras. Se ha señalado muerte de bovinos por ataque de enjambres de abejas africanizadas, y de cerdos por enjambres de avispas.

El veneno de estos insectos es una mezcla compleja de proteinas, péptidos y moléculas orgánicas pequeñas. La picadura de una sola abeja o avispa raramente causa más que inflamación y dolor local transitorio. No obstante, en seres humanos sensibles puede provocar shock anafiláctico (que puede resultar mortal,) dentro de 30 minutos de la picadura, por el componente antigénico del veneno. La ocurrencia de esta clásica reacción no se ha demostrado fehacientemente en los animales domésticos, aunque se ha descrito anemia hemolítica inmunomediada por picadura de abejas en perros .

Los componentes propiamente tóxicos (no antigénicos) del veneno provocan inflamación aguda y fuerte dolor en el área de la picadura (que conserva insertado el aparato picador si el insecto se tratase de abeja). Los perros y gatos agredidos generalmente presentan lesiones faciales, periorbitarias y/o auriculares, por tratarse de las zonas menos protegidas del cuerpo. El hábito de algunos perros de intentar cazar insectos en vuelo puede resultar en lesiones en la mucosa oral o de la lengua. De igual manera, el jugueteo de los gatos con sus víctimas suele desembocar en picaduras en las manos y la nariz.

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Lesiones faciales

Lesiones en nariz y mano

En casos de picaduras múltiples pueden presentarse reacciones sistémicas. Dentro de los síntomas apreciados en perros atacados por enjambres de abejas se encuentran depresión, hiporreflexia, hipertermia, hematemesis, hematoquecia, hemólisis, hemoglobinuria, rabdomiolisis, leucocitosis, shock, coagulopatía intravascular diseminada, así como un trastorno respiratorio similar al síndrome de distress respiratorio agudo del ser humano. El aumento de NUS y alanina transaminasa han sido considerados como indicadores de daño renal y hepático.

El tratamiento de la picadura presupone extraer el aparato picador de la lesión, si fuese posible; éste no debe apretarse, sino rasparse con un cartón duro o tarjeta de crédito, colocando compresas frías en la zona. En caso de shock se recurre a la inyección de adrenalina, en dosis de 0,01 mg/kg por vía endovenosa o intramuscular; es también recomendable utilizar glucocorticoides (dexametasona: 2-8 mg/kg endovenoso lento, o bien predinsolona: 11-30 mg/kg). Se recurre también a la administración de antihistamínicos (difenilhidramina: 0,5-2,2 mg/kg por vía intramuscular, o endovenosa muy lenta), aunque ello es discutido por diversos autores.

Referencias

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2. Gwaltney-Brant SM et al. 2012. Terrestrial zootoxins. En: Veterinary Toxicology: Basic and Clinical Principles. 2a ed. (Gupta RC, ed.) Academic Press, New York.

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4. Noble SJ, Armstrong PJ. 1999. Bee sting envenomention resulting in secondary immuno-mediated hemolitic anemia in two dogs. JAVMA 214:1026

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Tiwari RM, Sinha M. 2010. Veterinary Toxicology. Oxford Book Company, Jaipur

(Actualizado el 21/10/2016)

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