METALES PESADOS Y OTROS ELEMENTOS

Los metales son parte integral de la corteza terreste y se cuentan entre los agentes tóxicos de origen natural conocidos por la humanidad desde tiempos remotos, por más que muchos metales sean componentes normales del organismo animal y que varios de ellos -actuando en cantidades muy pequeñas- desempeñen funciones de vital importancia para éste. Algunos metales, como el cadmio, mercurio y plomo, tienen alto peso molecular, no poseen rol fisiológico conocido y pueden producir efectos tóxicos en bajas dosis. Otros, como el cobre y el zinc, son esenciales para la vida pero resultan tóxicos en dosis relativamente altas. Por su parte, metaloides como el arsénico y no metales como el selenio son tóxicos en bajas dosis (aunque este último sea también un elemento esencial).

El concepto de "metal pesado", a pesar de ser frecuentemente utilizado, carece de una base científica rigurosa o de una definición química precisa. Si bien muchos de los elementos que se incluyen en este concepto tienen una gravedad específica superior a 5, existen diversas excepciones a esta regla. Aunque hay aproximadamente una veintena de metales que satisfacen tal requisito, sólo unos cuantos tienen importancia práctica para la toxicología veterinaria. Destacan entre ellos el molibdeno, el cobre,el mercurio y el plomo; otros causan intoxicaciones de manera poco frecuente o no se han descrito como causales de intoxicación en Medicina Veterinaria y por ello no son abordados en esta obra. En este capítulo, por otra parte, es habitual incluir elementos que desde el punto de vista químico no son metales propiamente tales; se encuentra entre ellos un metaloide como el arsénico y no metales como el flúor y el selenio.

En términos generales, las intoxicaciones de los animales por metales pueden ser agudas o crónicas. Las primeras son hoy menos frecuentes que antaño, dado el mejor conocimiento del tema por la Medicina Veterinaria y por el público, lo cual ha llevado al mejor control de agentes tóxicos clásicos como plomo, mercurio, arsénico y talio, así como al uso más racional y cuidadoso de aquéllos que -como el cobre y el selenio- se utilizan corrientemente como aditivos a la ración del ganado y de animales de compañía. Sin embargo, sigue siendo posible la presentación de cuadros agudos por una sobreexposición de los animales a algunos de ellos, tanto en condiciones rurales como urbanas.

La intoxicación crónica implica una exposición prolongada de algún elemento, ordinariamente en baja dosis, la cual da origen a la acumulación de éste en el organismo. En algunos casos, tal acumulación puede producirse preferentemente en un órgano o sistema determinado (como es el hígado en caso del cobre, o el esqueleto en caso del plomo, por ejemplo), o bien podrá realizarse en forma difusa. No obstante, deberá considerarse que la acumulación orgánica de un metal no siempre causa una intoxicación clínicamente detectable. Así, en tiempos recientes se concede particular atención a los efectos de pequeñas cantidades de metales acumulados en el organismo sobre fenómenos tales como deficiencia reproductiva, aparición de defectos congénitos, inmunodepresión y carcinogénesis, dificilmente atribuibles a priori a toxicidad de algún elemento metálico.

Numerosos autores han examinado los variados condicionantes de intoxicación por metales en los animales domésticos, incluyendo aspectos químicos, biológicos, fisiológicos, farmacológicos, ambientales y otros que, de resultar necesario, se abordarán n someramente en la descripción de la intoxicación del metal pertinente para permitir una mejor comprensión del tema.

(Actualizado el 18/10/2016)

 

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