INSECTICIDAS ORGANOCLORADOS

Desde su incorporación al arsenal de plaguicidas a inicios de la década de 1940, los insecticidas organoclorados (IOC) tuvieron un éxito resonante en el control de insectos dañinos para la agricultura, para la ganadería (ectoparásitos) y para la salud humana (moscas, mosquitos y otras clases de insectos). Los IOC tienen al DDT (dicloro-difenil-tricloroetano) como su máximo exponente. Se considera a éste como el insecticida más notorio del siglo XX y como el más eficaz jamás producido para el control de insectos vectores de enfermedades como la fiebre amarilla, la malaria y otras de similar trascendencia para la Salud Pública; destacó también por su importancia para el control de ectoparásitos del ganado y de pequeños animales, de insectos dañinos para la agricultura y de insectos hogareños.

La mayoría de los IOC son altamente lipofílicos, lo cual explica su buena absorción a través de la exposición por vía digestiva y dérmica; sin embargo, por ser de baja solubilidad en agua, la vía inhalatoria no resulta particularmente riesgosa. Por otra parte, muchos de ellos son pobremente metabolizados y pueden tener prolongadas vidas medias en el organismo; de allí que sus residuos en los alimentos de origen animal motiven legítima preocupación a las autoridades sanitarias.

Los IOC poseen alta resistencia a la degradación por factores naturales, lo que explica su prolongada persistencia en el ambiente (años a décadas, según el producto). No obstante sus ventajas iniciales, los IOC han desaparecido progresivamente del mercado mundial por los siguientes motivos:
- Adquisición de resistencia por los insectos a este tipo de sustancias
- Introducción a las cadenas tróficas, con biomagnificación en ellas
- Acumulación en la grasa de animales y seres humanos
- Carácter teratogénico y cancerígeno de algunos de ellos
- Rechazo de los mercados internacionales a productos vegetales y animales con residuos de IOC.

Los IOC se clasifican en varios grupos según su estructura química. Así, en el grupo de los difenilos clorados se incluyen el DDT, metoxicloro, dicofol, clorobencilato; en el de los cicloalcanos clorados el HCH (hexaclorociclohexano) o BHC (hexacloruro de benceno), cuyo isómero gamma se comercializó con el nombre de lindano; entre los ciclodiénicos clorados se incluyen aldrín, dieldrín, endrín, metoxiclor, endosulfán, heptacloro, clordano y mirex; en el grupo de los terpenos clorados se halla el toxafeno.

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Algunos insecticidas organoclorados (De Ensley, 2012)

 

 

El mecanismo de acción de los IOC varía también según su estructura química. Aunque este aspecto no ha sido satisfactoriamente dilucidado en varios de estos compuestos, se postula que los difenilos clorados actúan sobre los axones reduciendo el ingreso de Na+ y el egreso de K+; con ello depolarizan parcialmente la neurona y reducen el umbral para la formación de nuevos potenciales de acción. Por su parte, los compuestos ciclodiénicos clorados y el lindano actúan inhibiendo competitivamente la unión del ácido gamma aminobutírico (GABA) en sus receptores postsinápticos; siendo éste un neurotransmisor inhibitorio, la reducida funcionalidad del GABA resulta en excitación.En general, los IOC tienen menor toxicidad aguda para los mamíferos que los insecticidas que vinieron a reemplazarlos (organofosforados y carbamatos, especialmente). No obstante, el metabolismo de estas sustancias requiere de conjugación con sulfatos o glicuronatos para ser luego excretados por la orina; por la deficiente glicuronidación en los felinos, éstos resultan bastante lábiles a la intoxicación por IOC, particularmente por lindano.

La legislación chilena prohibe el uso y comercialización de todos los IOC en el territorio nacional. Empero, existe un activo contrabando de algunos de estos productos desde países vecinos. Ello, sin embargo, tiene mayor importancia por sus efectos sobre la problemática medio-ambiental y la Salud Pública que sobre la toxicología clínica veterinaria, por ser infrecuentes las intoxicaciones por este tipo de productos en las especies domésticas.

Los signos de intoxicación por IOC incluyen ansiedad, hiperestesia o depresión, temblores, fasciculaciones (cabeza, cuello, hombros), movimientos masticatorios en vacío, ataxia, rigidez de las extremidades, midriasis, tialismo y convulsiones severas que pueden precipitarse por estímulos externos, con períodos intermedios de comportamiento normal. Debido a las crisis convulsivas es corriente detectar hipertermia. Sólo ocasionalmente se ha descrito la presentación de vómito.La muerte puede presentarse en minutos, horas o días, o bien puede no ocurrir. El pronóstico de esta intoxicación es reservado. Los síntomas generalmente ceden en 1-2 días pero la completa recuperación puede tardar semanas.Los compuestos ciclodiénicos causan más actividad convulsiva que los compuestos alifáticos. Todos los IOC, particularmente el lindano, pueden dañar gravemente al hígado al actuar en altas dosis.

El diagnóstico presuntivo se basa en la historia clínica (exposición reciente al tóxico) y en la sintomatología. Puede realizase la búsqueda de IOC en muestras de piel y pelo (en caso de exposición cutánea a éstos), de tejido adiposo, hígado, cerebro y contenido gastrointestinal. Debe también investigarse la presencia de IOC en el alimento sospechoso. La necropsia no señala lesiones específicas para la intoxicación y, por otra parte, el análisis histopatológico tampoco las demuestra en el tejido nervioso; es posible observar lesiones hepáticas en caso de que la intoxicación sea causada por lindano o por compuestos ciclodiénicos.

Por cuanto no se conoce antídoto para la intoxicación por IOC, el tratamiento es sintomático.Si ha existido exposición dérmica, el paciente debe bañarse con detergente suave y abundante agua; se recomienda el uso de guantes gruesos de goma para realizar esta tarea, para evitar la exposición del operador al tóxico. En casos de exposición oral reciente es recomendable provocar vómito; se recurre a continuación a la administración de carbón activado y de un purgante salino. La terapia de diazepam y barbitúricos para controlar las convulsiones puede extenderse a 24 o más horas.Debe controlarse la funcionalidad hepática en caso de intoxicación por lindano o difenilos clorados.

Referencias

1.Beasley V. 1999. En:  Veterinary Toxicology ( Beasley V. (Ed.)
International Veterinary Information Service, Ithaca NY (www.ivis.org); A2699.0899

2.Ensley SM. 2012. Organochlorines. En: Veterinary Toxicology: Basic and Clinical Principles (Gupta RC, ed.) 2a ed.Academic Press, New York.

3.Gfeller RW, Messonnier SP. 1998. Handbook of Small Animal Toxicology & Poisonings. Ed.Mosby, St.Louis.

4. Tiwari RM, Sinha M. 2010. Veterinary Toxicology. Oxford Book Company, Jaipur

(Actualizado el 03/10/2016)

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