ZINC

La intoxicación con zinc ha sido descrita en varias especies animales, aunque especialmente en perros. Ha sido causada por ingestión de tornillos y tuercas de jaulas de metal galvanizado para transporte de mascotas, de agua de estanques galvanizados, de cierres de cremallera a base de aleaciones de zinc y de diversos objetos fabricados con el metal. Gran parte de los casos ocurridos en Estados Unidos han sido provocados por la ingestión de monedas de centavo, que contienen 99% del elemento. En el ambiente ácido del estómago, el zinc es liberado y forma sales solubles que se absorben y distribuyen en el organismo.

El metal tiene propiedades corrosivas sobre la mucosa gastroentérica, por lo que una ingestión alta del elemento provoca vómito como signo predominante; por el contrario, como se observa en las intoxicaciones subagudas y crónicas del elemento, cantidades menores se absorben y dañan especialmente al hígado, riñón y sistema hematopoyético. Los signos de la afección están caracterizados por depresión, anorexia, vómito, diarrea y debilidad; además, la intoxicación produce hemólisis (con la consiguiente anemia), hemoglobinuria e ictericia. Las lesiones predominantes en caso de intoxicación por zinc afectan al hígado (vacuolización y necrosis centrolobulillar) y al riñón (necrosis tubular), observándose lesiones hemorrágicas en la mucosa gástrica. El laboratorio clínico señala aumento de bilirrubina, de fosfatasa alcalina y de enzimas hepáticas, hipofosfatemia, isostenuria o hipostenuria, proteinuria y azotemia.

El tratamiento de la afección es de tipo sintomático. Se discute la pertinencia de utilizar quelantes en esta intoxicación. Se ha señalado la utilidad del CaEDTA en dosis de 100 mg/kg día por vía endovenosa, o subcutánea (diluido y dividido en 4 dosis diarias), durante 3 días. También la de d-penicilamina, 110 mg/kg/dá por 7-14 días, y de BAL (3-6 mg/kg 3 veces al día durante 3-5 días). En todo caso, el uso de quelantes para el tratamiento no se encuentra aún suficientemente validado por la experiencia clínica.

Referencias

1.Beasley V. 1999. Veterinary Toxicology. International Veterinary Information Service, Ithaca NY (www.ivis.org); A2610.0899

2. Garland T. Zinc. 2012. En: Veterinary Toxicology: Basic and Clinical Principles. 2a ed (Gupta RC, ed.) Academic Press, New York

3. Gfeller R, Messonnier SP. 1998. Small Animal Toxicology & Poisonings. Mosby Ed., St.Louis

4. Tiwari RM, Sinha M. 2010. Veterinary Toxicology. Oxford Book Company, Jaipur

(Actualizado el 13/10/2016)

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