INTRODUCCION

 

INDICE
Aspectos conceptuales
Toxicidad y riesgo de las plantas venenosas
Impacto economico de las plantas venenosas
Diagnostico y tratamiento de las intoxicaciones por plantas
Profilaxis de las intoxicaciones por plantas

 

ASPECTOS CONCEPTUALES

Parece fácil separar a las especies vegetales en tóxicas e inocuas, dos grupos aparentemente bien delimitados y mutuamente excluyentes. No obstante, ambas categorías suelen superponerse y, en la práctica, no siempre se las puede separar en términos absolutos. Al respecto cabe considerar que si bien plantas como el palqui (Cestrum parqui) podrían catalogarse como "típicamente venenosas", pues lo son en casi cualquier circunstancia, otras únicamente lo son en determinados momentos de su ciclo vital y resultan inocuas en otros períodos; la galega (Galega officinalis) es buen ejemplo de este tipo de vegetales tóxicos.

Por otra parte, cabe considerar que importantes plantas forrajeras pueden causar severas intoxicaciones al darse las condiciones agroecológicas apropiadas; en este contexto, probablemente el mejor ejemplo resulte la estrecha asociación causal de diversas poáceas (gramíneas) forrajeras a la intoxicación por nitrato. Dentro de esta temática, resulta necesario recordar que diversos vegetales forrajeros pueden hacerse venenosos al ser atacados por parásitos u otros agentes biológicos, así como tras el tratamiento de los cultivos con algunos pesticidas o al dañarse la planta por el pisoteo del ganado en terreno sobrepastoreados, por nombrar sólo algunos casos particulares del problema.

No resulta fácil, entonces, definir adecuadamente a las plantas venenosas. Quizás el concepto general resulte el más preciso, al considerar como tóxicos a aquéllos vegetales que afectan la salud del ganado o su productividad al actuar mediante los venenos que contienen. Si bien es enorme la diversidad de sustancias químicas en las plantas, son relativamente escasas las especies vegetales que tienen verdadera importancia para la toxicología veterinaria al actuar mediante las sustancias tóxicas presentes en sus tejidos.

En virtud de los antecedentes expuestos, no es pertinente catalogar como venenosas a las plantas que actúan a través de efectos mecánicos (mediante espinas, espigas u otras estructuras del vegetal), por más que provoquen efectos deletéreos al ganado. Se presta a discusión, sin embargo, el eventual carácter tóxico de aquéllas plantas cuyo consumo imparte mal aspecto, olor o sabor desagradable a los alimentos de origen animal, que son por ello rechazados por el público consumidor. Personalmente preferimos considerar a tales plantas como nocivas para la industria ganadera, aunque inocuas desde el punto de vista médico en cuanto no afectan la salud ni reducen la producción de los animales; por ello no las señalamos en esta obra.

A la luz de las ideas precedentes, cabe considerar venenosas a las plantas que causan alergias, causticaciones u otros fenómenos patológicos al tomar contacto con la piel. Empero, ha de tenerse presente que -a diferencia del ser humano- los animales domésticos se encuentran razonablemente bien protegidos contra los efectos de tales vegetales por su densa capa pilosa y, de hecho, son escasas las plantas que poseen trascendencia médica veterinaria al actuar por contacto. Por ello, nos remitiremos exclusivamente a los vegetales que causan trastornos al ser consumidos, ya que la inmensa mayoría de los cuadros tóxicos de interés veterinario provocados por plantas son producidos por el consumo de éstas.


TOXICIDAD Y RIESGO DE LAS PLANTAS VENENOSAS

Toda planta venenosa lo es por contener una o más sustancias capaces de provocar fenómenos patológicos en los animales. Empero, es preciso considerar que no basta la identificación de un principio tóxico en un vegetal para que sólo por ello se le declare venenoso, o al menos peligroso para el ganado. En efecto, son numerosos los ejemplos de plantas que, no obstante contener una o varias sustancias tóxicas, carecen de riesgo para el ganado debido -por ejemplo- a la escasa concentración de los principios activos en sus tejidos o a que el vegetal no es consumido por ser cáustico, por su estructura leñosa, por su olor o sabor nauseabundo, etc.

Al comentar la dualidad carácter tóxico - riesgo en el mundo vegetal, es preciso señalar que, para provocar intoxicación, una planta: (a) debe contener uno o más principios activos capaces de provocar fenómenos patológicos, (b) en concentraciones tales que, (c) al ser consumida en cantidades habituales, (d) el o los venenos alcancen en el organismo niveles suficientes para provocar tales fenómenos. Las consideraciones precedentes resultan completamente satisfactorias para el caso de las intoxicaciones de tipo agudo, pero no lo son del todo para aquéllas de tipo crónico; en efecto, por el carácter acumulativo de sus venenos, algunas plantas deben consumirse durante períodos prolongados para que se manifiesten sus efectos tóxicos, incorporándose entonces el factor "tiempo" a la problemática conceptual que nos ocupa. El senecio (Senecio erraticus), maleza que vegeta en el sur de nuestro país, pertenece a esta categoría de vegetales.

Existe en el reino vegetal un elevado número de sustancias potencialmente venenosas, las que pueden causar intoxicación cuando alguna de ellas se encuentre en concentración suficiente para tal efecto, o bien cuando varias de ellas -aunque en concentraciones proporcionalmente pequeñas -se potencien para causar cuadros tóxicos. En esta obra nos referiremos a sustancias tan dispares como nitrato, cianuro, oxalatos, alcaloides y protoalcaloides, glucósidos, taninos, fenoles, ácidos, aminoácidos, péptidos, proteínas, terpenos y otras, cuya adecuada clasificación escapa a los objetivos del libro.

La concentración del tóxico en los tejidos del vegetal, por otra parte, destaca entre los requisitos de toxicidad comentados en el párrafo precedente. La mayor o menor cantidad de tóxicos en la planta no sólo depende de factores inherentes al vegetal, como la unidad taxonómica a la que pertenezca (familia, género, especie, variedad) y al momento del ciclo biológico en que se encuentre, sino que también a factores del suelo (tales como el pH, grado de humedad, textura y composición mineral); a ellos se suman factores ambientales como temperatura y humedad atmosférica, irradiación solar, altitud sobre el nivel del mar, pluviosidad de la zona en que vegeta la planta y otros cuya importancia no se ha estudiado aún satisfactoriamente para la mayoría de los vegetales tóxicos.

De las interacciones existentes entre factores intrínsecos y extrínsecos al vegetal dependen, entonces, aspectos tan importantes para nuestro marco conceptual como la distribución geográfica de las plantas venenosas y las variaciones de toxicidad que suelen presentar según la localidad en que vegeten, así como el carácter estacional de los problemas que causan muchas de ellas. No es de extrañar, entonces, que en un país tan extendido geográficamente como Chile, con diferencias altitudinales muy acusadas en diversas regiones, con variados regímenes de lluvias y de iluminación, con suelos de diferentes texturas, composición y humedad, etc., las plantas venenosas no se distribuyan de forma homogénea ni su capacidad tóxica sea similar en todas las localidades en que vegeten.

Un aspecto que merece comentario aparte es la diferente susceptibilidad de los animales domésticos a los efectos de un mismo vegetal venenoso. Aunque las razones del fenómeno distan de conocerse a cabalidad, no cabe duda que la diferente fisiología de las especies animales, sus diversos hábitos alimenticios y sus variadas capacidades para destoxicar sustancias venenosas deben tenerse como factores de particular relevancia al respecto. Vale la pena ejemplificar este hecho señalando la menor susceptibilidad de ovinos y caprinos a la intoxicación por senecio respecto a la que exhiben los bovinos a ella; evidentemente, el uso de praderas contaminadas por esta planta para la crianza bovina constituye una práctica altamente riesgosa, siendo permitido -dentro de límites razonables - su uso para la crianza de cabras y ovejas.

Por otra parte, existen ejemplos de adaptación del ganado a la ingestión de plantas tóxicas. Al respecto es clásico el modelo de los rumiantes adaptados al consumo de Halogeton glomeratus, una planta extranjera rica en ácido oxálico y oxalatos, ya que tales animales toleran cantidades de estas sustancias que resultan letales para aquellos que no se han adaptado paulatinamente a su consumo. Es también clásico el ejemplo de adaptación del ganado rumiante al consumo de vegetales con alto contenido de nitrato, cuyas concentraciones suelen producir intoxicación por este compuesto al ganado no adaptado.

Dentro de similar orden de ideas, es también necesario considerar la capacidad de los animales para seleccionar su alimento. Como norma, el ganado evita consumir plantas tóxicas; el instinto, el aprendizaje adquirido a través de la madre o de los miembros del rebaño, así como la "aversión aprendida" (hipótesis que postula el rechazo de aquellas plantas de sabores u olores determinados que, habiendo sido consumidas por el animal en dosis subletales, no obstante lo hicieron enfermar), han sido considerados entre los factores más relevantes para explicar el fenómeno.

Sin embargo, es bien sabido que aún los animales conocedores de las plantas venenosas pueden verse obligados a consumirlas cuando carecen de suficiente forraje. En efecto, el ganado hambriento suele consumir vorazmente las plantas disponibles, en vez de seleccionar su alimento y consumirlo a ritmo normal. Por ello, el riesgo de intoxicaciones es elevado en ganado trashumante, como ocurre en el trayecto hacia y desde veranadas en varias regiones de nuestro país. También aumenta la frecuencia de intoxicaciones al existir situaciones de sequía y al declinar estacionalmente la disponibilidad de forraje en los secanos, puesto que muchas plantas venenosas permanecen verdes y suculentas cuando se han secado ya los pastos que poseen aptitud forrajera.

Las consideraciones precedentes son igualmente válidas para el caso de animales que, transportados en vehículos durante tiempo prolongado, no reciben alimento suficiente durante el trayecto, máxime si -como es frecuente- se encuentran ya hambrientos antes de iniciar el viaje. En estos casos, es corriente que al finalizar el viaje el ganado sea introducido en corrales o potreros en que existen vegetales venenosos, ocurriendo accidentes por tal motivo.

El sobrepastoreo representa una situación de alto riesgo toxicológico pues, como lo demuestra la experiencia mundial, la frecuencia de intoxicaciones por vegetales aumenta toda vez que la carga animal sobrepasa las posibilidades de la pradera para sustentarla en forma adecuada. Al respecto no puede olvidarse que el excesivo pisoteo trastorna el balance de las especies vegetales en el terreno, permitiendo que plantas tóxicas agresivas invadan el área. La escasez de forraje y el daño de las plantas causados por el excesivo pisoteo constituyen factores de primera importancia en diversos tipos de intoxicaciones por vegetales. Se inscribe dentro de similar orden de ideas el daño de las plantas por sequía, helada, granizo y por el ataque de agentes infecciosos y parásitos diversos.

No puede pasarse por alto las posibilidades de envenenamiento en animales que, por encontrarse confinados, consumen alimentos que no pueden seleccionar. Al respecto debe recordarse el hallazgo corriente de plantas tóxicas en el pasto segado, en el heno y en el material ensilado que se ofrece al ganado. Es preciso considerar, además, la ocurrencia de intoxicaciones por consumo de alimentos concentrados elaborados con granos altamente contaminados con semillas de plantas venenosas, las cuales constituyen precisamente el material más nocivo de ciertos vegetales.

De manera similar, debe tomarse en cuenta la posibilidad de cuadros tóxicos cuando, tras podarse o talarse árboles o arbustos venenosos, el follaje de éstos queda al alcance del ganado. Tales problemas pueden ocurrir también cuando los animales irrumpen en parques o jardines en que existen plantas ornamentales venenosas; el laurel de flor (Nerium oleander), algunas especies de tejo (Taxus spp) y el floripondio (Brugmansia arborea) han causado accidentes mortales en nuestro país y en el extranjero en circunstancias como las señaladas.

Dentro del mismo contexto, finalmente, resulta necesario recordar el peligro que representa el ingreso del ganado a renovales de lingue (Persea lingue) y de diversos colliguayes (Colliguaja spp), plantas que se encuentran en diversas zonas del territorio nacional.

De las consideraciones precedentes puede concluirse que las intoxicaciones por vegetales ocurren al darse una particular conjunción de factores de la planta, del animal y del ambiente en el tiempo y en el espacio. Se completa esta imagen al agregar factores atingentes al manejo de los cultivos forrajeros, como son la abundante fertilización con nitrógeno y el tratamiento con herbicidas, especialmente de tipo hormonal.

IMPACTO ECONOMICO DE LAS PLANTAS TOXICAS

Constituye un verdadero lugar común señalar que las plantas venenosas causan importantes pérdidas económicas a las empresas pecuarias. No obstante, resulta extremadamente difícil cuantificar objetivamente la magnitud de tales pérdidas y no es arriesgado afirmar que, aún en países que cuentan con eficientes sistemas de vigilancia e información sobre la salud de su ganado, se recurre a aproximaciones para estimar el impacto económico que generan los vegetales venenosos a la ganadería. Más aún, se afirma que los efectos negativos de tales vegetales sobre la economía suelen subestimarse desde el nivel predial mismo, ya que con frecuencia muchos cuadros tóxicos no son reconocidos como tales por el personal a cargo del ganado.

Se han esgrimido numerosos argumentos para explicar el acerto anterior, entre los cuales posee gran importancia la generalizada tendencia a considerar la importancia de las plantas tóxicas exclusivamente en función de las muertes que originan. Tal visión es incorrecta, por cuanto numerosas intoxicaciones no afectan la vida sino que la productividad del ganado. Aunque no cabe duda de que la muerte de animales representa un tipo de pérdida impactante y relativamente fácil de estimar económicamente, no es menos cierto que las intoxicaciones no mortales son frecuentes y a menudo no son consideradas dentro del ámbito toxicológico precisamente por no haber sido reconocidas como tales.

En efecto, por carecer del dramatismo de la muerte, es posible que una reducida producción de leche, la depresión en la tasa de crecimiento del ganado joven, la presentación de abortos esporádicos en el rebaño, una baja fertilidad en la masa o el nacimiento de crías débiles, por ejemplo, no sean consideradas como manifestaciones de intoxicación por vegetales. Empero, estos y otros problemas son frecuentemente causados por plantas tóxicas y, sin duda alguna, también gravitan negativamente sobre la economía de las explotaciones pecuarias. Por lo demás, es dable recordar que muchas plantas venenosas son malezas, cuya erradicación o control lleva implícito un incremento en los costos de explotación de las empresas ganaderas.


DIAGNOSTICO Y TRATAMIENTO DE LAS INTOXICACIONES POR VEGETALES

El diagnóstico de las intoxicaciones por vegetales puede resultar muy difícil. Ello porque, en primer lugar, la ingestión de plantas venenosas puede producir síntomas inespecíficos, posibles de confundir con los producidos por muchas otras enfermedades. En segundo lugar, porque las lesiones observables en cadáveres de animales que han sucumbido a la intoxicación por un vegetal venenosos no siempre son exclusivas de ésta, pudiendo también confundirse con las producidas por otros trastornos. Y, por otra parte, hay muy pocos exámenes de laboratorio para detectar en condiciones prácticas venenos vegetales específicos en los animales enfermos o en los cadáveres.

En la mayoría de los casos, la mejor forma de establecer el diagnóstico de intoxicación por una planta venenosa es confirmar la presencia de ésta en el ambiente en que se encuentra el animal, lo cual requiere la identificación inobjetable de la planta sospechosa. Además, se debe confirmar que ella ha sido ingerida, obteniendo en terreno la necesaria evidencia y/o detectándola en el contenido gastrointestinal. De igual manera, deben correlacionarse los síntomas producidos y las lesiones observadas en los cadáveres con aquéllas que se saben producidas por la planta sospechosa.

Lamentablemente hay pocos antídotos para tratar las intoxicaciones por plantas. Hasta el momento, en la mayoría de los casos el tratamiento consiste en inducir el vómito (en las especies en que éste es posible), en la administración de carbón activado para bloquear la absorción de los tóxicos y de un purgante para promover la evacuación de éstos. Además, se precisa de tratamiento sintomático y de soporte rutinarios. Obviamente, debe cesar la exposición e ingestión de la planta causal.


PROFILAXIS DE LAS INTOXICACIONES POR PLANTAS

Pensamos que la primera medida tendiente a evitar intoxicaciones por vegetales en el ganado consiste en el reconocimiento de las plantas venenosas existentes en el predio y en la zona en donde este se ubica. Lamentablemente, si bien existen libros y manuales sobre toxicología por vegetales, en la mayoría de los casos se trata de obras escritas para realidades ajenas a la nuestra. Por otra parte, las imágenes de las plantas en muchas de ellas no son fácilmente identificables por legos en la materia, por tratarse de ilustraciones dirigidas a especialistas en taxonomía vegetal. Es por ello que en esta obra hemos dado preferencia a la presentación de fotografías en color de los vegetales tóxicos de interés nacional.

Por otra parte, es perentorio conocer las condiciones en que ocurren las intoxicaciones por plantas, como son la época del año, el estado fenológico del vegetal, los fenómenos climáticos que pueden contribuir a la presentación de cuadros de intoxicación, etc., aspectos que - sin ser excluyentes- resultan de particular importancia para el caso de plantas que en principio son inocuas, entre las que se incluyen diversas forrajeras, pero que se hacen venenosas en determinadas situaciones agroecológicas. Es pertiente recordar, por otra parte, que ciertas intoxicaciones se asocian a determinados manejos de la pradera y del rebaño. Es también necesario conocer la susceptibilidad de los animales a los efectos nocivos de una planta dada, pues por exclusión puede descartarse la participación de ella en una intoxicación.

Resulta también de considerable importancia evitar que el ganado consuma plantas afectadas por enfermedades de tipo bacteriano o viral, por parásitos nemátodos, por insectos u hongos, ya que ello puede ser el origen de diversos cuadros tóxicos. Por otra parte, el sobrepastoreo deberá siempre considerarse como un fenómeno altamente riesgoso desde el punto de vista toxicológico y deberá evitarse a toda costa.

El adecuado aprovisionamiento de agua de bebida, siendo fundamental en toda explotación pecuaria, adquiere notable importancia en la ganadería extensiva de secano ya que, al no contar con agua suficiente, los animales aumentan el consumo de vegetales suculentos y aceptan incluso aquellos que normalmente rechazan por su escasa palatabilidad o porque lo reconocen como tóxico. Por otra parte, es conveniente recordar que la deficiencia orgánica de algunos minerales esenciales origina perversión del apetito, lo cual lleva a consumir vegetales que ordinariamente son rechazados por su impalatabilidad.

En relación con el ganado que es transportado a grandes distancias, éste deberá disponer de suficiente alimento antes, durante y después del trayecto. Es importante, además, recordar que se le debe proporcionar buen forraje antes de introducirlo a potreros en que existen vegetales venenosos; resulta del todo conveniente someterlo a estrecha vigilancia durante los primeros días, para prestarle asistencia rápida si ocurriesen accidentes. Los arreos prolongados deben realizarse con lentitud, estableciéndose lugares intermedios en donde el ganado pueda pernoctar con seguridad; en lo posible, en tales lugares deberán destruirse -o al menos ralearse- las plantas tóxicas existentes, quemando las que fueran arrancadas o manteniéndolas lejos del ganado si su destrucción resultase impracticable.

Aunque es difícil impedir del todo la ocurrencia de intoxicaciones por vegetales, estas pueden minimizarse mediante programas que consideren manejos adecuados de la pradera y del ganado, además de medidas tendientes a erradicar o controlar las malezas tóxicas. La erradicación de las plantas venenosas es una medida ideal en teoría, aunque raramente resulta factible; de allí la necesidad de implementar medidas que minimicen las pérdidas que provocan y que, simultáneamente, permitan su control. Dado que cada predio constituye una entidad distinta de otra, los programas preventivos estandarizados no resultan prácticos; los ganaderos, entonces, deberán asesorarse por los profesionales que mejor puedan ayudarles a establecer medidas profilácticas eficaces, acordes con su propia realidad predial.

(Actualizado el 30/11/2016)

 

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